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La Casa de Campo se subdivide en cuatro zonas. Calladas, asustadizas, viven bajo el yugo de las mafias que las han traído. Son unas cincuenta, casi todas ilegales. Pasean por la cancha de tenis y cerca del metro. La zona tradicional; incluye Atocha y los aledaños del centro. Unas prostitutas en los días de apogeo. En su mayoría españolas y algunas magrebíes -llamadas marroquinas por sus compañeras-. Se llamaba Gabriel, a secas, como me pidió que lo llamara.

Acababa de cumplir cuarenta y no trabajaba, vivía de algunas rentas. Con la noticia de que había ganado la lotería vi rondar la casa a varias personas que nunca había visto. Familiares y amigos que tenía tiempo de no ver se aparecían por su casa. Sin embargo, nadie le sacó dinero porque él tenía sus propios planes. Tenía poco tiempo de haberme mudado al barrio cuando se pasó a vivir a la par de mi casa una mujer que alborotó al vecindario entero.

Yo tenía quince años. Yo vi cuando el camión de mudanzas bajaba las cosas de la vecina una tarde de abril. Llega a Cuatro la segunda película documental de Callejeros. Un viaje por la vida de todas aquellas mujeres que por decisión propia o forzada por las circunstancias han tenido que ejercer la prostitución.

Recogemos los testimonios de estas mujeres para conocer con todo lujo de detalles y sin entrar en juicios y valoraciones sus experiencias vitales. Convivimos día y noche con estas mujeres a las que casi nunca vemos sin el maquillaje y el uniforme del oficio.

Nos cuentan cómo es su vida, sus deseos y anhelos y sobre todo cómo se enfrentan día a día a este oficio que ellas han elegido o no para ganar un sueldo. Trabaja desde hace cuatro en un local de Barcelona en el que mantener una relación sexual tiene un precio de euros. A su lado, Antía, una prostituta gallega de 33 años, argumenta que tanto ella como sus compañeras son unas vecinas ejemplares y no molestan a nadie en el edificio.

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Después se da un masaje "para tener el culito bien arriba" y acude a la peluquería para rizar su melena rubia Todo sin salir del lugar donde vive y trabaja.

Un club de alterne a las afueras de Castellón, en el que las señoritas son tratadas como huéspedes de un hotel con todas las comodidades. Este mismo estudio, refleja que los españoles gastan cada día en prostitución, 50 millones de euros. Tiene dos hijos viviendo en Uruguay y afirma que fue una sucesión de circunstancias desfavorables lo que le llevo a un trabajo que no le gusta, "pero mi vicio es ganar dinero".

Cada mes, Verónica, envía una suma importante de dinero a Rumanía, su país natal Mientras habla con su madre en un locutorio, su teléfono móvil no deja de sonar. Cerca de cien mujeres entre españolas, africanas y suramericanas. Los proxenetas, en coche, las vigilan de cerca. También se percibe, en opinión de las prostitutas, la presencia de mafias. El servicio se suele prestar en el coche.

La cifra de prostitutas se pierde aquí entre los descampados que rodean el puente de Pedro Bosch. Las turbulencias son moneda corriente. La mayoría de las mujeres son toxicómanas, y sus chulos, también. Le decían la Diabla porque tenía un tatuaje de un diablito sonriente en la parte baja de la espalda. Trabajaba como independiente en un prostíbulo popular en el que las mujeres alquilaban cuarto por día. Se paseaba totalmente desnuda por el patio central cuando no le caían clientes a su cuarto.

Algunos en lugar de sentirse atraídos pensaban que estaba loca. A las mujeres no les gustaba que se exhibiera y regaban la bola de que tenía sida. Entre los colegas que venían de Honduras para entrenamientos en Guatemala estaba Francisco, un compañero un tanto nervioso pero buena onda que había venido varias veces. Era bueno en su trabajo y cumplía sus metas de ventas, así que los dueños de la empresa estaban contentos con él.

Tres meses después de cambiarme a mi nuevo apartamento, mi vecino, que me alquilaba el mismo, se ganó la lotería.


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